Dios ¿existe?
Santo Tomás nos dice en el
punto 1 del artículo 2 de su Suma Teológica: “La existencia de Dios es un artículo de fe. Pero lo que es de fe no se
puede demostrar, porque la demostración hace ver y la fe es de lo que no vemos,
como enseña el Apóstol. Luego la existencia de Dios no es demostrable”.
Para muchos lo que no se demuestra,
simplemente no es, pero para otros, Dios es una realidad. “Toda realidad es primero una epifanía de sí misma que se manifiesta en
su zarza ardiente. Se muestra, más que se demuestra, y no se trata de ningún
círculo vicioso”, nos dice Adolphe Gesché, y continúa: “El poder del amor, la magia del arte, el nacimiento de un niño y el
salir del sol están ahí para atestiguarlo”. (Gesché, Dios para pensar II, Dios-El Cosmos, Salamanca 1997, p.13).
Estas lecturas de épocas disímiles, y otras más,
me han llevado a recordar que cuando muy niña, en la clase de religión del colegio
laico, al revisar el Credo, surgió la natural pregunta sobre la resurrección a la
vida eterna, y ante la imposibilidad de una respuesta basada en lo conocido, la hermana contratada finalmente me decía “porque así es”. Luego en casa, mi
madre me daba una respuesta que lo trastocaba todo: “Cuando uno muere no hay
nada más”. ¿Y el Cielo? ¿Y el ver a Dios en persona? Me despreocupaba luego porque
yo sentía a Dios; en el sol, en la
luna, en el parque de la Reserva, en la Iglesia de Cristo Rey y en mí. No requería
prueba ni mayor explicación.
Es curioso que en ese tiempo
los profesores todavía se sintieran tensos al hablar de la Evolución para no
contradecir a la Iglesia. Yo en casa, me maravillaba con el libro de Life que la
explicaba con unas ilustraciones sorprendentes y no podía más que concluir que
Dios estaba en eso también. Y en el libro sobre el Universo con explicaciones
científicas y dimensiones comparadas de los planetas y los hoyos negros y las
supernovas, espacio celestial que no podía responder a la mera casualidad. Y la
Tierra, nuestra preciosa casa, maravilla que en ese libro aunque no estuviera explícito
se mostraba como la perfecta creación. Unos años después, la serie del singular científico Carl Sagan nutriría de la misma forma mi alma.
Hoy siento ese mismo
espíritu. El curso de Teología que estudio en la universidad me impulsa a
curiosear libros de la biblioteca y traerlos a casa. Lecturas que explican y
describen lo mismo que yo vivía en mi relación con Dios cuando pequeña. Y la nueva emisión del viaje interestelar de Sagan (justamente ahora, qué casualidad) reafirman aún más mi espiritualidad. Y así, vivo
una renovación de experiencias dormidas. Y me pregunto: ¡Cómo es posible que
autores de otras latitudes expliquen hoy lo que yo sabía, sentía y definía lo mismo con otras palabras hace cincuenta años! Es que es el mismo Dios, el único. Quizás estos
autores hayan tenido una visión de niño para explicar con sencillez lo que quienes dudan complican para aplicar teorías que no los convencen. Yo, mientras continúe ejerciendo mi capacidad de sentir profundamente, seguiré creyendo en plenitud.





Dios ¿existe?
ResponderEliminarClaro y además es REAL: http://ateosinnatos.blogspot.com/2014/01/dios-existe-y-es-real.html
Interesante reflexión; habría que ir hilando más fino con la argumentación. De hecho la indagación por el texto de Gesché es un paso; solo una aclaración: es la teología con enfoque antropológico la que ha dado pie a la teología de la creación y no al revés. Otros autores que le pueden interesar: Juan Luis Segundo en latinoamérica y Francois Euvé, de Francia.
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